Los Buenos Muchachos - Ep 1 Entrevista a Jonathan Rossi

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Intro: Los Buenos Muchachos nace para dar a conocer las iniciativas y buenas practicas de la sociedad civil, las empresas, la academia y el estado en temas relacionados con la responsabilidad social y ciudadanía. Para el capitulo de hoy invitamos a Jonathan Rossi, gestor social y director de Casa Ronald Perú. Con el hablaremos sobre el mayor logro de su vida profesional y personal: ser voluntario. Gracias y acompáñennos.


Vanessa Vázquez: ¿Jonathan cómo estás? Gracias por ser el primer invitado de este podcast que tiene como fin dar a conocer todo aquello que se viene desarrollando no solamente en el Perú sino también en Latinoamérica, porque somos países sumamente parecido en todo lo que sería el ser un buen ciudadano; donde te toque estar en la parte del mundo que te encuentres.


Jonathan Rossi: Gracias Vane por la oportunidad, de hecho, estoy muy emocionado porque también es mi primer podcast, así que estoy súper feliz. Qué bonito escuchar lo que tú mencionas, que somos países muy similares.

Vengo de una institución donde se hablaba mucho de la latinoamericanidad y aprendí mucho a sentir de esto de ser una sola familia con diversos países latinoamericanos. Feliz de hablar sobre el voluntariado, que es mi pasión.


Vanessa Vázquez: Que bueno. Jonathan de hecho mucha gente siempre se pregunta ¿cuáles son los caminos que una persona tiene que seguir para poder ser un voluntario o ser un gestor social?, no sé si a ti te pasa, pero a mí me pasa con frecuenta, como ¿qué estudiaste? ¿qué tengo que hacer? ¿Qué especialidad tomar? Entonces, quisiera que nos cuentes un poco acerca de tu vida académica, que de hecho ha tenido bastantes momentos interesantes las cuales te llevaron a hacer lo que hoy eres, uno de los gestores sociales más importantes que tenemos en Perú.


Jonathan Rossi: Yo salí del colegio y no sabía qué estudiar, no tenía muy claro, yo quería estudiar una carrera de historia o sociología, algo que esté vinculado a leer mucho, como a estudiar mucho también quizás; pero a mi papá no le gustaba mucho la idea y me motivó a estudiar la carrera que mis hermanas mayores habían estudiado que era administración. Estudié administración de negocios internacionales y como soy muy estudioso, porque en realidad si me gusta estudiar, me fue bien en la universidad, de hecho, hasta becado y todo.


Me fue bien, conseguí un trabajo porque veía que todos mis amigos en el sexto ciclo comenzaban a trabajar, tenían más experiencia en la participación en las clases; entonces agarré y entré a trabajar en un banco; dije “voy a quedarme acá seis meses” como las prácticas profesionales. Me terminé quedando 7 años, iba creciendo en el trabajo, cada vez asumiendo nuevos retos, conociendo más cosas y me gustaba mucho; pero llegó un momento de reflexión en mi vida que fue entre los 21 o 22 años. Yo salí del colegio, me puse a estudiar, me puse a trabajar; y nunca tuve un espacio para poder respirar y ver exactamente hacia donde yo quería ir porque más que todo me estaba dejando llevar por la corriente y me estaba yendo bien, eso a veces es un poco engañoso porque llegas a un momento en donde ya todas las cosas que tienes no te suman o no te llenan.


Comencé a replantearme algunas cosas y felizmente llegó a mi vida una experiencia que me marcó, que fue una experiencia de voluntariado, y a partir de eso ya no veía el mundo con los mismos ojos. Muchas veces te preguntan, a estas alturas de la vida cuando ya has liderado una organización, ¿dónde está la carrera del líder de organizaciones de voluntariado? ¿Dónde estudio para fundar mí ONG? algo así. Yo creo que muchos de nosotros tenemos en común que hemos pasado por algún tipo de experiencia de vida que nos ha hecho replantear nuestros propósitos y asumir un momento detonante, que es como tirarse al vacío. Hay un espacio de toma de decisión que es “me voy a dedicar a esto”, dedicarte al tema social, al tema de ver por otros, de apoyar, etcétera; en la sociedad común no es tan común y es un reto.


Vanessa Vázquez: Es un reto y un tema mucho de sacrificio, porque tienes que poner muchas veces de lado temas familiares, personales o con amigos; con el único afán de servir a personas que, de una u otra manera, no están ligadas a ti de una manera afectiva, sentimental o personal; pero si están ligadas porque pertenecemos al mismo territorio, y lo único que quieres hacer por ellas es el bien. Luego de que tuviste esta experiencia que te marcó muchísimo ¿cómo así llegas a Techo? una de las organizaciones más grandes de voluntariado a nivel latinoamericano, que buscan la transformación de comunidades, lo cual es sumamente complicado; para poder hacer que surjan y tener un país más igualitario sin estas brechas sociales y demográficas tan marcadas, que es lo que vemos en todas partes.


Jonathan Rossi: Yo llegué a Techo porque una amiga me preguntó ¿este fin de semana estás libre? y yo le dije sí. La acompañe a hacer un voluntariado en Huaraz, una ciudad que queda a 8 horas de Lima. La idea era irnos de viaje básicamente a Provincia y meternos en una construcción de viviendas. Yo no tenía ni idea a dónde estaba yendo, yo fui e invite a una amiga; que hoy en día es mi novia.


Fue una experiencia que a mí me marcó la vida porque fue en el 2011, un año complejo para el país porque estábamos pasando por un proceso de elecciones, había un tema de cambio de rumbo, de cambio de ruta, se discutía mucho si realmente estábamos creciendo, pero no desarrollándonos; y yo pude presenciar en este pueblito, al que fuimos con Techo a construir viviendas de emergencia que era un caserío a faldas de Huascarán, y era lindo el pueblito pero había una serie de carencias donde tú veías realmente todas las diferencias, las desigualdades que nos marcan y la ausencia de muchos programas del estado. Entonces, eso me marcó la vida.


Yo regresé al trabajo con otros ojos, me metí a Techo, iba todos los domingos. Cuando yo llegaba al trabajo y era la hora de almuerzo les decía a mis amigos: “Oye, este fin de semana he estado en la comunidad tal, trabajando este proyecto” y todos me miraban y me decían: “ay qué bonito”, y luego cambiar la conversación a “me he comprado el auto tal”, “me voy a meter al curso tal”; yo sentí que toda esa conversación no estaba alineada a mí, que eran cosas que no estaban vinculadas a los temas importantes, había algo en mí que ya se estaba moviendo. Fue todo un camino que después de esa experiencia, después de casi dos años, o menos de dos años, renuncie a mi trabajo sin tener algo concreto. Yo renuncié porque dije: “quiero tener tiempo para esto”, era como: “quiero tener tiempo para ser voluntario”; me convertí en el hippie de mis amigos.


Vanessa Vázquez: Es que es una decisión súper fuerte. Si nosotros nos remontamos a antes del fenómeno del niño costero, que fue algo que azoto a todo el país, de hecho el voluntariado yo siento que se ha reforzado entre el 2016-2017 y es más común que los chicos sueñen con ser gestores sociales, y que tu apuestes el todo por el todo. Si bien nosotros somos considerados “millennials” igual cuesta dejar un poco la comodidad, la zona de confort, de saber que tienes una oficina con todos los recursos donde puedes desempeñarte profesionalmente para saltar y decir “me voy a ir a apostar por algo social”, que de verdad vives el día a día. No solamente el tema económico sino el tema de que todos los días ocurre una emergencia, todos los días ocurren cosas; tienes que apagar incendios todo el tiempo. ¿Cómo fue tu experiencia en Techo? ¿Cómo así llegaste a Techo? ¿Cómo te contrataron?


Jonathan Rossi: Yo llegue a Techo en el 2012 y llegué un poco tarde, porque generalmente los voluntarios inician desde el colegio inclusive, estando en los últimos años o los primeros años de la universidad; yo ya había acabado la universidad y tenía 23-24 años, era un poco mayor para la media de ese momento. Entre con bastante energía y comencé a asumir determinados puestos por la experiencia que tenía, ya que había trabajado en un banco varios años, el tema de finanzas; asumí un puesto que era el Coordinador del Programa de Microcréditos. Este voluntariado para mi era un trabajo, jale a todos mis amigos de la banca a cambiarles el chip de pensar mas en rentabilidad social que en rentabilidad financiera y nos metimos de lleno. Y ¿Qué hicimos?, cerramos el programa y dijimos que no era positivo.


Recuerdo una conversación con Carolina Trivelli, una Ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social, en donde ella nos dijo: “Por las condiciones del programa lo mejor es en vez de promover el endeudamiento, promuevan el micro ahorro”. Entonces todo eso cambió el programa y lo volvimos en Fomenta Empresarial. El programa fue transformándose y me metí de lleno en eso, y ya luego me metí a la par de este voluntariado me comenzó a salir oportunidades laborales vinculadas al tema social, entonces fueron como mis primeros pininos en el tema social.


En el 2016 se me ofrece a mi postular para asumir la Dirección de Programas y Proyectos de Desarrollo de Techo y eso fue una experiencia magnifica. Yo venía de otras experiencias más corporativas, pero me formé, tuve que meterme en un curso de MIT que me abrió la mente para el tema de la evaluación de impacto de programas sociales.


Techo es un laboratorio, tú puedes crear un montón de cosas. Techo es bien “millennial”, entonces hace que tengas un equipo grande de chicos con muchas ganas, donde hacíamos mil cosas, pero como en toda organización social, hay un montón de necesidad, hay un montón de oportunidades, pero hay pocos recursos. Eso a mí, en comparación al mundo corporativo, me gusto bastante, comienzas a usar mucho la imaginación y descubrí algo que hasta el día de hoy me caracteriza, que era el trabajo en red. Yo como Director de Programas y Proyectos, por ahí me presentaron una red de voluntariado que se llamaba “La Red de Voluntarios” y conocí un montón de organizaciones; pensé en: "¿por qué no llevarlos a las comunidades?".


La primera convocatoria la hicimos en una comunidad en Girasoles de San Juan de Miraflores, todo esto salía con diversas actividades como el circo social de “La Tarumba”, y lo llevábamos a las comunidades y en realidad tenías bastante impacto sin la necesidad de inversión de mucho capital, solamente uniendo esfuerzo de varias organizaciones. Para mí eso fue maravilloso, hice 1 año como director de Programas y Proyectos; y en enero el 2017 asumo la Dirección Social de Techo.


Vanessa Vázquez: Y te agarra en la peor época, porque remontándonos al 2017, en nuestra temporada de verano, nos agarró el fenómeno del niño. De hecho todos acá todos lo que hacíamos gestión social, más allá de hacer el de asistencialismo, nos teníamos que convertir en héroes para poder defender a las comunidades, no solamente de cara hacia el estado para la mejora y reconstrucción de estas sino también de cara hacia las comunidades aledañas, entonces para ti ¿Qué fue de esta experiencia de entrar de frente a una coyuntura tan complicada? donde había demasiada necesitas, había en un principio una sobrecarga de recursos, para luego haber una ausencia de recursos y actualmente seguir apagando estos incendios, por así decirlo, de los rezagos del fenómeno del niño porque han pasado ya 3 años y prácticamente nos encontramos a un 15% de lo que sería levantamiento de infraestructura habitacional.


Jonathan Rossi: Yo creo que el 2017 fue un año para poder visibilizar todas las carencias que como país y como sistema en general. Creo que vimos ahí como el país, un poco más y se desborda porque atacó a casi todas las regiones de costa, sierra y selva. Y el estado se veía con la necesidad de poder articular con diversas organizaciones sociales, porque era necesario. Vimos eso, pero también vimos la resiliencia comunitaria, que creo que caracteriza a gran parte de Latinoamérica en general, de las comunidades que han nacido de la misma construcción por el ciudadano. Entonces, eso hizo se pueda superar estas situaciones adversas y claro los indicadores de mortandad no sean tan altos, en comparación a otros fenómenos del niño, pero el daño como el nivel de precarización de las viviendas, el tema de la educación, el tema de la protección de niñas, mujeres etc. Esos fueron indicadores que lógicamente se han ido deteriorando bastante sobre todo en las zonas más vulnerables.


Creo que desde el punto de vista de las organizaciones sociales, nos sirvió para que nos conociéramos y comenzáramos a articular, con todas sus deficiencias con inclusive con un estado que quería hacer algunas cosas pero no sabía como y por ahí las organizaciones sociales intentando dar soporte, se pudo contener mucha de las situaciones, entre una ciudadanía organizada. Pero ahí identificamos por ejemplo lo que veníamos hablando desde pos 2017, toda la situación de emergencia era: “tenemos que prepararnos por la emergencia que va ser terrible” que era el terremoto en Lima. Decíamos: “No sobrevivimos”, sino nos organizamos entre organizaciones sociales, empresa, estado para poder atender esto, no vamos a sobrevivir, va ser un cataclismo.


Vanessa Vázquez: Y también cuando hablamos sobre del fenómeno del niño 2018, 2019, y 2020, que ahora vino con una emergencia sanitaria, y coincidentemente porque creo que eso ya es un patrón en tus temas laborales, te toca con otro nuevo reto. Tratar con trabajo comunitario, de trabajar con muchas comunidades y ser la voz de tantas personas, que gracias a Techo y a tu gran gestión, lograste cambiarles la vida y transformarles un poco la movilización económica y movilización social de masas, porque estamos hablando de muchas comunidades.


Viene el 2020 con un nuevo reto, Jonathan Rossi asume la dirección de la casa Ronald o Ronald McDonald House Charities, que es un albergue para familias que vienen a Lima en este caso a recibir tratamientos prolongados, ya sea oncológicos, de cardiopatía, neurológicos, y otras enfermedades. Y te agarra con una emergencia sanitaria. Primera emergencia sanitaria en nuestras vidas, ¿que se sintió entrar a esta casa?


Yo también he trabajado en casa Ronald, y es un lugar sumamente bonito, claro es totalmente distinto cuando estás acostumbrado ir a comunidad. ¿Para ti como fue este cambio de rol? de ser el justiciero a pasar a ser el papá de tantas familia y que encima venga esta pandemia.


Jonathan Rossi: Bueno yo ya estaba en una etapa de cierre. Techo fue para mí una experiencia maravillosa, no sabes lo afortunado que yo he sido en esta institución porque me ha permitido a mí conocer gran parte de Latinoamérica.


He tenido la oportunidad de implementar proyectos de construcción de viviendas en Brasil, ecuador, México, viajar al habitad trece, ir a un campus urbano en Argentina; ha sido totalmente maravilloso. Pero yo si veía la necesidad de comenzar a aprender más, de empezar a involucrarme en más sectores y de hecho la salud de infancia era algo que realmente me llamaba. Te consulte alguna cosas por el gran trabajo que haces con Juguete Pendiente, quería saber como era esta dinámica, como era este mundo. Adicional, Techo es una organización como tú dices de comunidad, de estar en campo, de trabajo comunitario, y siento como que el liderazgo que necesita Techo siempre es el liderazgo juvenil. Bueno ya cansaba un poco subir hasta la comunidad, uno va reconociendo el momento en tiene que ver otras cosas. Yo estaba buscando eso, una organización que me moviera, que me motivara, que me enamorara de la misma manera y pasión como lo hice con Techo.


El primer día que entré a casa Ronald, sentí eso y sentí temor por mí mismo porque vi mucho amor en una situación bastante compleja. Cuando pase todo el proceso de entrevistas y te preguntan: ¿Tú estás preparado para lidiar cuando un niño fallezca?, que es una situación dura y terrible que ve la organización con la cual te vas a enfrentar. Y yo decía: “bueno vengo de varios años en una organización social, he visto cosas duras en las comunidades, es una realidad difícil. Si estoy preparado para esto”.


Pero cuando entras a una Casas Ronald y ves que realmente es un hogar, trabajas ahí, convives con los niños, no son solo niños tienen nombre, apellido, hay una historia detrás y hay una relación que no se puede dejar de hacer.


Llego a mi primera semana y lamentablemente nos encontramos con el fallecimiento de un niño que había estado en la casa Ronald. Para mí la primera semana fue difícil por eso. Todo el tema de organizar, dirigir una organización social ya había la experiencia en sí; lo más difícil para mí ha sido ese tema pero me empecé a involucrar. Ha sido maravilloso conocer la misión de la organización, no me ha sido difícil integrarme a la magia de la casa Ronald McDonald.


Sucede que a los pocos meses de comenzar, viene toda esta pandemia y ha hecho que al día de hoy tengamos que adaptarnos a ella y no solamente adaptarnos, sino tomar acción para la misión que es proteger a la mayor cantidad de niños con tratamientos médicos complejos, y en eso estamos trabajando juntos ahorita.


Vanessa Vázquez: Eso que tú dices del amor y de la magia que hay dentro de los albergues. En mi caso, que trabajo con niños en el Instituto Nacional de Salud de Niños de San Borja, es una posición muy del amor y muy del cuidado, es una posición en el que tú tienes que ser un soporte para toda la familia; no solamente para el niño o para el paciente que está en tratamiento porque generalmente todo el mundo se preocupa por velar por la persona que está enferma. Pero ¿qué pasa con todo este mundo de personas que soporta esta enfermedad? ya sea durante el tratamiento o si la persona trasciende; darle todo el soporte psicológico para que puedan aceptar la perdida, o si la persona supera la enfermedad, saber cómo celebrar eso porque es un logro en la vida. Entonces, comparado con comunidad, porque yo de hecho trabajo con ambas cosas, es un carrusel emocional y tienes que sacarte el sombrero justiciero para ponerte el sobrero de papá.


Es una lucha interna el tratar de estar bien porque de una u otra manera nosotros como pastores sociales también la pasamos mal y también sufrimos y a veces sentimos mucho la injusticia que ocurre con las personas a cualquier nivel porque nuestro único fin es hacer que de alguna u otra manera vivamos en una sociedad muchas más justa, mucho más igualitaria.


También algo que a mí que resulta algo bonito, es que tu utilizas tus redes para comunicar sobre esta Lima, o estas comunidades, o estos albergues que nadie conoce y es súper importante dar a conocer a tus redes, porque obviamente ahí son compartidas y generas una comunidad más grande; que la gente sepa que es Lima, que sepan que es el Perú. Claro todo el mundo está segmentado y siempre tiene lo tradicional como los distritos tradicionales, pero ¿qué pasa con esta masa, con todos estos albergues, personas que son parte de tu familia también? porque al final todos somos peruanos y nadie los quiere ver. Ver cómo se centra o se ciega a esta realidad súper latente.


Jonathan Rossi: Hay barreras invisibles y lo que tenemos que hacer nosotros, y que también lo aprendí en Techo, es usar todo espacio para poder darle voz a los que no tiene voz. Las redes sociales sirven para eso y más aun en sociedades como la nuestra, desiguales en donde muchos de los privilegiados, por así decir a todos los que hemos tenido la oportunidad de ir a cursar estudios superiores con todas las necesidades básicas satisfechas que lamentablemente no es todo el universo del país o Latinoamérica en general.


Entonces, muchos construimos como burbujas, barreras invisibles, hasta en la misma universidad, la misma educación clásica a los estudiantes de arquitectura de Latinoamérica les enseñan como construir rascacielos y cuando quieren hacer una tesis de como formalizar un barrio informal, les ponen muchos peros; no se involucran a eso. Entonces, eso sucede y hace que poco a poco vaya generando una barrera y olvidamos que existe esa realidad. Pese a que subes a un edificio y vez al otro lado una favela, un campamento, un asentamiento, y es creo una labor de los gestores sociales quienes tenemos ese contacto con estas realidad que no son el día a día de todos, y no tiene por qué serlo.


Visibilizarlo para generar conciencia. No todos tienen que ser voluntarios, no todos tienen que liderar una organización social, pero yo creo que todo desde el papel que nos toque desarrollar en la sociedad tenemos que ser conscientes de estas realidades y ser consciente de las decisiones que tomamos, porque toda decisión va impactar en otros.


Vanessa Vázquez: Sobre todo en los más vulnerables y tampoco cegarnos. Yo considero que es importante empezar hablar de pobreza porque ahora con lo que está pasando con el COVID-19, que también lo hablamos hoy en la mañana, la brecha va aumentar mucho más. Entonces las clases sociales van hacer muchos más notoria. Las comunidades que no tienen recursos que son totalmente vulnerables que no tienen recursos, serán mucho más vulnerables que antes. Es importante poder en la mesa esto. Yo soy una creyente que entre más lo hables, habrán más cabezas pensando cómo solucionarlo y las ideas pueden no nacer de los gestores sociales, ni de los voluntarios, sino de personas a pie que se les ocurre algo que puede ser totalmente innovador que tenga un contexto social, busque una economía solidaria y para delante. Para terminar esta entrevista. Tengo tres preguntas que he preparado para ti. La primera es ¿Para ti que es la ciudadanía?


Jonathan Rossi: La ciudadanía es el ejercicio de nuestra capacidad de impactar en la sociedad de la cual somos parte y debería estar orientada hacia la promoción de su desarrollo, de hacer una sociedad más justa. Vinculo mucho a la ciudadanía al voluntariado porque creo que el voluntariado es una herramienta muy importante e impactante para una ciudadanía activa. Lo hablábamos ahorita con todo el tema del bicentenario y todo ello “como desde el voluntariado podemos hacer una ciudadanía activa, ejemplar que pueda ser parte de la solución de las problemáticas sociales”. Es importante saber eso, no solo la ciudadanía es saber cuales son mis derechos y saber exigirlos; sino también cuales son mis obligaciones, y las obligaciones no solo es pagar mis impuestos, sino también saber que las problemáticas sociales nos pertenecen a todos y por ende todo tenemos que ser parte de las soluciones.


Vanessa Vázquez: Imagínate que estamos en el año 2060; volteas y ves a Jonathan del año 2020. ¿Qué le dirías?


Jonathan Rossi: Le diría que siga con toda la pasión que lo caracteriza y ha sido su hoja de ruta ya hace algunos años; que siga por ese interés por los demás, porque en algo contribuyó. Espero de aquí a algunos años la sociedad sea mucho mejor.


Vanessa Vázquez: Para finalizar. ¿Una frase que te defina?


Jonathan Rossi: Una frase que me gusta bastante es “Me gusta que las cosas sucedan”.


Vanessa Vázquez: Jonathan, en verdad muchas gracias por haber sido el primer invitado; más allá de ser un gran amigo mío y un aliado en todo este tema de responsabilidad social, me siento muy orgullosa de poder contar contigo; creo que en todos los proyectos desde que te conozco. Te deseo muchísima suerte. Ahora nos espera todavía unos meses complicados, deseo toda la suerte del mundo en tu trabajo, en esta nueva aventura que has tomado. Que suerte de todas las personas que te tenemos en nuestras vidas, poder contar con alguien como tú y que sigas siendo ese justiciero / papá que tanto necesitamos en esta sociedad.


Jonathan Rossi: Gracias a ti por la oportunidad y también éxitos en toda esta nueva faceta. Sé que van a venir programas muy interesantes porque hay muchas muy buenas experiencias interesantes en todo el tema social. Yo también me siento muy feliz de trabajar a tu lado y siempre contagiarme de las energías que siempre desbordas y todo el magnífico trabajo que vienes haciendo con Juguete Pendiente.


Vanessa Vázquez: Muchas gracias.


Soy Vanessa Vásquez y muchas gracias por escuchar el primer capítulo del podcast “Los buenos muchachos”, hasta la próxima.


Para concluir, queremos cerrar dejando una pequeña reflexión acerca del propósito que tenemos en la vida: “siempre buscará ser revelado en el momento menos pensado y nos tomará por asalto para poder hacer que vivamos una vida coherente entre el corazón y la razón”. Jonathan es un claro ejemplo de eso. Gracias y hasta la próxima.


El podcast los buenos muchachos llega gracias a una alianza entre Palcast podcast y la asociación civil Juguete Pendiente.



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